Granos y Oleaginosas

Amaranto, planta de profunda y profusa raíz en México

Los pueblos originarios domesticaron el huautli, se nutrieron de él y le dieron el más alto simbolismo espiritual

Con un historial de larga data, nombre gozoso y delicado sabor, la alegría o semilla del amaranto llegó a nuestros días en deliciosa palanqueta. La arqueología encontró vestigios de la planta de más de cinco mil años antes de Cristo, como los de Zohapilco, en la Cuenca de México.

Nativo de México y Centroamérica, el amaranto (Amaranthus spp.) desarrolló desde tiempos precolombinos, en climas templados y tropicales de nuestro país, los géneros A. hypochondriacus, A. cruentus y A. hibridus, de un total de 60, entre más de 800 especies muy diversificadas entre sí.

Por sus notables cualidades alimenticias, forrajeras, medicinales, industriales y demás, hoy se cultiva en Estados Unidos y Nepal, China y la India, entre otros países.

Si bien el uso más extendido del huauhtli —nombre que le daban los antiguos mexicanos— es como cereal suavemente tostado, sus hojas se preparan como quintoniles, y su semilla en mazapanes, harinas, pinole, atoles, horchatas, hojuelas, panqués y gelatinas, pero también toda la planta se utiliza con fines de ornato.

La industria obtiene materia prima alimenticia para enriquecer harinas, concentrados, aceites, almidones y colorantes, y para la cosmetología, la química y la farmacéutica, entre otros.

Los aztecas convertían en tzoalli la semilla molida y amasada con miel de maguey, y elaboraban panes con forma de Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc, Chalchiuhtlicue, Coatlicue, Xiuhtecuhtli, Chicomecóatl, Matlalcueye, Iztactépetl y Opuchtli, deidades que así personificaban para sacralizar “su carne” y consumirla con gran reverencia en actos rituales.

Esta práctica resultó abominable para los colonizadores españoles, lo mismo que los tamales redondos de masa y hojas de huauhtli que se ofrendaban a los muertos y al elemento fuego, pues erróneamente pensaban que los teñían con la sangre de los sacrificios humanos, cuando esta era solo alimento de los dioses.

El cultivo y el consumo del amaranto fueron prohibidos hasta casi desaparecer pero, conservado en zonas apartadas de la conquista, hoy prevalece en Puebla, el mayor productor, Morelos, Tlaxcala, Ciudad de México, Estado de México y Guanajuato.

El amaranto contiene más proteínas que el maíz y el arroz, y 80 por ciento más que el trigo; las vitaminas A, B, C, B1, B2 y B3; ácido fólico, calcio, hierro y fósforo, y es rica fuente de aminoácidos como la lisina. Es así uno de los alimentos más completos.

Se le inscribe entre los 36 cultivos más prometedores del mundo y como el mejor alimento de origen vegetal para consumo humano. Así que disfrutar de una palanqueta de amaranto no solo es un paliativo para el hambre, sino una alegría para el cuerpo y el alma.

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