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Historia evolutiva de una leguminosa en peligro de extinción

La leguminosa Astragalus edulis, presente en el sur de la península ibérica, Canarias y Marruecos, está en peligro de extinción

El grupo de investigación en Biodiversidad, Sistemática y Conservación de Plantas Vasculares y Hongos (Biocons) de la Universidad de Salamanca ha descubierto la historia evolutiva de la especie Astragalus edulis, una leguminosa silvestre, comestible, pero que no se cultiva, en peligro de extinción que se encuentra en Canarias, Marruecos y en el sur de la península ibérica.

Este hallazgo, publicado en la revista AoB Plants, permite determinar los lugares estratégicos para la conservación de esta planta, cuyo fruto guarda cierto parecido con el garbanzo, aunque tiene una forma diferente.

Los investigadores realizaron los análisis de laboratorio en el Banco de ADN Vegetal de la Universidad de Salamanca, adscrito al Banco Nacional de ADN y colaboraron con la Universidad de Granada. Los autores del trabajo aplicaron una combinación de novedosas técnicas denominadas de análisis bayesiano computacional junto con modelos de distribución de especies para determinar el corredor que pudo utilizar la planta desde el norte del atlas para colonizar Canarias y el sur de la península.

Este corredor geográfico podría haber sido utilizado por más especies para colonizar la península partiendo del sur de Marruecos. Según explican los científicos, “hay que tener en cuenta que ambos territorios comparten buena parte de su flora debido a que las condiciones climáticas son similares y a que están separadas por el estrecho, que no representa una barrera infranqueable para muchas especies de plantas”.

La aplicación de esta combinación de técnicas permite generar diversas hipótesis sobre la historia evolutiva de las especies e integrar datos de origen, distribución y recorrido en su proceso de colonización de nuevos territorios.

“Las técnicas parten de datos genéticos observados en la actualidad y de datos ecológicos y climáticos que obtenemos de la ubicación geográfica de la planta. Las características ecológicas y climáticas de dichos lugares generan un modelo que se compara con las características de esa área geográfica en el pasado, para identificar qué lugares presentaban las características idóneas para la presencia de la especie”, apuntan.

Juntando esta información con la diversidad genética de la especie y la reconstrucción de su historia evolutiva (cómo ha variado genéticamente la especie a lo largo del tiempo) los investigadores pueden decantarse por la explicación más plausible que muestre el punto de procedencia y el camino recorrido a lo largo del tiempo.

El análisis bayesiano permite contrastar posibles escenarios de partida que expliquen el patrón genético observado en la actualidad. De esta manera, “conseguimos un análisis más completo y fiable, pues evitamos trabajar con la valoración de una única hipótesis, cuya interpretación puede llevarnos a una conclusión errónea”, añaden.

En las tres ubicaciones señaladas se ha comprobado que dicha planta muestra variaciones genéticas que conforman grupos geográficos. Estas variaciones permiten determinar cuáles son las poblaciones más relevantes para proteger, puesto que agrupan más individuos con variedades genéticas (diversidad) o individuos con características únicas (singularidad).

“Teniendo en cuenta las limitaciones en los fondos destinados a la preservación de naturaleza, la aplicación de estas técnicas nos muestra la mejor opción para conservar la biodiversidad, ya que señala los lugares donde encontramos mayor diversidad y singularidad de una misma especie”, aseguran.

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