Agroindustria

Sigatoka negra mancha voraz

La sigatoka negra es considerada la enfermedad foliar más peligrosa para los cultivos de plátano y banano en todo el mundo, a tal grado que en algunos casos puede reducir la producción hasta el 50 por ciento en la mayoría de países productores, donde se está propagando con gran rapidez y ha estado socavando la producción durante las tres últimas décadas.

Este mal es causado por el hongo Mycosphaerella fijinsis y sus síntomas son en un principio manchas color café con borde amarillo, las cuales paulatinamente se acentúan hasta que finalmente toda la hoja se necrotiza. Su característica principal es la aparición en el borde de la hoja de unos puntos de color negro que forman una especie de mancha, la cual se extiende hasta la nervadura central de la hoja.

Esta afectación disminuye la capacidad fotosíntetica de la planta y como consecuencia hay reducciones en rendimiento, lo que genera un impacto en la economía de los agricultores.

El hongo se propaga de manera fácil y puede hacerlo a través del agua o el viento. El riego por aspersión, por ejemplo, ayuda a esparcir la enfermedad en el plantío.

El control tradicional se basa en la aplicación de funguicidas, sin embargo, el control químico en plantaciones comerciales eleva en forma considerable los costos de producción y resulta costoso para los pequeños productores.

Los productores comerciales pueden comprar funguicidas químicos. A menudo los utilizan en forma indiscriminada y se dan casos en los que los cultivos se rocían hasta 50 veces al año.

Es posible reducir la frecuencia de los tratamientos químicos si se emplea un sistema de predicción de la enfermedad; empero, las poblaciones de M. fijiensis han desarrollado una resistencia a ciertos productos, en el Caribe y América Central.

En algunos países, los insumos químicos representan hasta 27 por ciento del costo de producción para los bananos de exportación. Los funguicidas sistémicos permiten luchar de forma eficaz contra la sigatoka negra en las plantaciones comerciales, pero sus efectos sobre el medio ambiente y la salud de los trabajadores en las plantaciones, son preocupantes.

Por otra parte, no existe realmente un control biológico de la enfermedad. Su manejo más bien consiste en tratar de minimizar su propagación en el plantío eliminando brotes de inoculo a través del deshoje de hojas afectadas y, mejor aún, quemándolas. Pero como el hongo se propaga con el viento el manejo se dificulta cuando los vecinos no hacen lo mismo.

Otra estrategia está dirigida a propiciar el cambio del material genético susceptible, por cultivos con fuente de resistencia o tolerancia a la enfermedad. Este método se fundamenta en la siembra de «parcelas demostrativas» y en diferentes nichos ecológicos, de materiales de plátano y banano producto del mejoramiento genético.

En Colombia, por ejemplo, se han introducido los híbridos de banano África 1 y las variedades que se desarrollaron en la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola, FHIA-1, 3 y 21. Todas han presentado altos niveles de resistencia a la sigatoka negra, lo que las hace exportables.

Otra recomendación es sembrar de forma intercalada variedades resistentes con variedades susceptibles de Musa spp. y sembrar en general cortinas rompevientos. Sin embargo, no se conoce realmente el efecto de estas medidas en la incidencia de la enfermedad. Sembrar variedades resistentes parece ser de momento la única opción de control biológico.

La solución genética

La solución más apropiada a largo plazo es sin duda la resistencia genética, sobre todo para los pequeños productores que, por razones económicas, no pueden adquirir los productos químicos.

La introducción en los bananos y plátanos de la resistencia a la sigatoka negra en los programas clásicos de mejoramiento se basa en la utilización de la resistencia encontrada en especies silvestres de Musa como M. acuminata ssp. burmann ica, ssp. malaccensis y ssp. siamea, y en cultivares diploides como Paka (AA) y Pisang lilin (AA). Con los híbridos obtenidos se realizan pruebas en el campo en lugares seleccionados de diferentes regiones del mundo, dentro del marco del Programa Internacional de Evaluación de Musa (IMTP) organizado por la Red Internacional para el Mejoramiento del Banano y el Plátano (Inibap). Aunque aún no se ha conseguido crear un banano postre de tipo Cavendish capaz de resistir a la sigatoka negra, se han realizado importantes progresos en el mejoramiento de los tipos destinados al consumo.

En la fase I del IMTP, se identificaron tres tetraploides de la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola (FHIA) dotados de resistencia a la sigatoka negra y aptos para el cultivo en numerosos países: FHIA-01 y FHIA-02, plátanos postre con un sabor ácido de manzana, y FHIA-03, robusto plátano de cocción que puede también utilizarse como postre cuando está totalmente maduro.

A mediados de 2001 científicos de 11 países anunciaron la creación de un consorcio internacional para secuenciar el genoma del banano en un periodo de cinco años. La información genética servirá para que los agricultores de los países en desarrollo, puedan cultivar bananos capaces a resistir al hongo de la sigatoka negra, así como a otras enfermedades y plagas.

Los científicos señalan que si se logra crear variedades de banano resistentes podría eliminarse o reducirse el uso de funguicidas y plaguicidas.

El banano será la tercera planta secuenciada genéticamente. Hoy conocemos que está formado por sólo 11 cromosomas, con un total de 500 a 600 millones pares de base, el genoma del banano es uno de los más pequeños de todas las plantas y los investigadores esperan obtener resultados rápidamente.

Plátano, alimento esencial

Los plátanos y bananos representan el alimento básico para casi 500 millones de personas en el mundo, pero sus cultivos se están perdiendo cada día más debido a las enfermedades.

Estos cultivos se extienden por 120 países. Los plátanos son bananos largos y verdes que pertenecen a uno de los seis principales grupos de bananos de cocción que se cultivan principalmente en África Occidental y América Latina.

De los 95 millones de toneladas de bananos que se cultivan cada año, América Latina, África y Asia producen aproximadamente un tercio cada uno.

Un 85 por ciento del cultivo global se produce para el consumo doméstico y el comercio local, en gran parte sin usar los plaguicidas, lo que los hace susceptibles a las enfermedades. El 15 por ciento del cultivo global de banano destinado a la exportación depende en gran parte de los insumos químicos.

En los países en desarrollo, los bananos y plátanos juntos representan el cuarto cultivo alimentario en importancia después del arroz, trigo y maíz. En algunas partes de África, los bananos proporcionan más de un cuarto de todas las calorías alimenticias.

La mayoría de los distintos tipos de banano al madurar no son tan dulces como los bananos de postre Cavendish importados que se consumen en Europa y América del Norte.

Su presencia

La sigatoka negra se identificó por vez primera en 1963 en la costa sudeste de Viti Levu (Islas Fiji). Su presencia se extiende en la región del Pacífico, hacia el estrecho de Torres y península del Cabo York en Australia, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Vanuatu, Nueva Caledonia, Isla Norfolk, Estados Federados de Micronesia, Tonga, Samoa Occidental, Isla Niue, Islas Cook, Tahití y Hawai. También se ha observado en Asia, Bután, Taiwán, sur de China incluida la isla de Hainan, Vietnam, Filipinas, Malasia Occidental y Sumatra en Indonesia.

La distribución de esta enfermedad en el sudeste asiático necesita clarificarse, particularmente en el archipiélago indonesio.

En América Latina se descubrió por primera vez en Honduras en 1972. Se propagó hacia el norte (Guatemala, Belice, sur de México) y hacia el sur (El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia). Se ha registrado en Venezuela, Cuba, Jamaica y en la República Dominicana.

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