Análisis

El copal da aliento a culturas originarias

Árbol de selvas bajas caducifolias de México, derrama resina aromática de importancia cultural, económica, social y mística

Ciudad de México, 8 de enero de 2020.— En el Alto Balsas de Guerrero, la Mixteca poblana y oaxaqueña y la región de Infiernillo, Michoacán, familias enteras de copaleros migran a las montañas en épocas de cosecha para seleccionar los árboles aptos de los que recolectan la preciada resina de este vegetal típico de selvas bajas caducifolias con muy fuerte sequía.

En México existen poco más de 100 especies diferentes de burseras —familia a la que pertenece el copal—, principalmente en los estados de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, el cual recibe diferentes nombres según la especie y la región, y es conocido con los nombres de copal virgen, copal santo, tecomaca y almárciga, entre otros.

Las resinas olorosas mexicanas que desde la época prehispánica han aromatizado rituales y temazcales, son conocidas desde entonces como copalli, voz náhuatl que se refiere a la especie vegetal bursera de la que se explotan en México más de 20 especies, como el copal chino o santo (Bursera bipinnata) y el copal ancho (Bursera copallifera).

Varios autores refieren que los antiguos códices mexicanos revelan el frecuente uso del copal entre nuestros antepasados, al menos dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche, para ofrendar su incienso a los dioses, limpiar los templos, durante los funerales y en las ceremonias para pedir por las cosechas. Se puede decir que prácticamente no había celebración importante que no estuviera acompañada del copal.

En la actualidad, estos árboles son propiedad comunitaria que debe ser preservada. Los copaleros cuidan de no sobreexplotarlos ni lastimarlos con demasiadas incisiones, y luego de extraerles la resina les dan dos y hasta tres años de descanso para evitar que se debiliten o incluso mueran.

La técnica de extracción incluye la incisión con una quixala y golpes sobre la zona con un mazo de madera labrada para que mane su fragante líquido que cae sobre una hoja de encino que sirve de canal para dirigirlo hacia una penca de maguey suspendida bajo el tronco, y cuando la resina se solidifica al cabo de unas horas se le llama mirra.

Para continuar el acopio se golpea nuevamente. Los mejores árboles aportan barras de 250 a 500 gramos de copal. Se han encontrado burseras de diversas especies que evidencian más de 40 calas, lo que revela que han sido explotadas cerca de 80 años.

La siembra y recolección de la resina de burseras aromáticas reúne importancia social, económica, religiosa y cultural para muchas comunidades marginadas, pues mejora la economía familiar ya que se le usa en los baños de temazcal, que han recobrado auge, además de seguir siendo utilizadas en ceremonias religiosas de distintos credos.

Aunque el copal es muy apreciado, no resuelve las economías locales. Sin embargo, los bosques donde se desarrolla este árbol han ido desapareciendo por el crecimiento de las poblaciones, la sobreexplotación a manos de quienes desconocen la importancia de la sostenibilidad y “desangran” a los árboles, además del ataque de las plagas.

Impulsar el desarrollo sostenible de las regiones copaleras de México plantea realizar estudios sobre las poblaciones de estas especies, emprender programas de reforestación, delimitar áreas restringidas de extracción escalonada, regular la utilización de los árboles de propiedad comunitaria y auspiciar que copaleros experimentados capaciten a los inexpertos.

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