Pecuario y Pesquero

Pescado secado al sol, al estilo de Somalia



Capacitan a las mujeres para combatir el hambre y crear comunidades costeras más fuertes

Somalia es el país con más kilómetros de costa en África continental, sin embargo, su industria pesquera es una de las menos desarrolladas del mundo, y tan solo alrededor del 1 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) anual procede de la pesca. Las comunidades costeras figuran entre las más afectadas por la inseguridad alimentaria en Somalia.

Para abordar este desafío, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) capacita a mujeres vulnerables para que sequen pescado al sol y obtengan alimentos e ingresos, además de enseñarles a los pescadores a adquirir nuevas habilidades para lograr más capturas y mayor acceso a alimentos nutritivos para la población en general.

Hawa Mohamed Abdi vive en un campamento para personas desplazadas en Bossaso, una localidad costera en el norte de Somalia.

El campamento, con sus hileras de abrigos de chapa ondulada flanqueados por senderos de tierra, ha sido su hogar desde hace más de dos décadas.

“Aquí en el campamento, todos somos pobres —asegura—. A veces, tan solo hacemos una comida al día. Otras veces, dos. Comer tres veces diarias es algo excepcional.”

El año pasado, Hawa se sumó a un grupo de mujeres en el campamento para aprender cómo secar pescado al sol.

El proceso consiste en limpiar y tratar el pescado, secarlo y embalarlo utilizando técnicas sostenibles y ecológicas.

La FAO proporciona capacitación, todas las herramientas y equipos, desde cuchillos y ropa de protección hasta mesas de secado y materiales de embalaje. Hasta la fecha, más de 60 mujeres han recibido formación, y para mediados de 2018, la FAO planea llegar a otras 160 mujeres.

Cada mañana, las mujeres se reúnen alrededor de sus mesas y del pescado recién desembarcado (peces pelágicos, que se consideran infrautilizados), y se arremangan, listas para trabajar.

En primer lugar, se trae agua de las bombas, explica Hawa, y se mezcla con cloro y detergente para lavar las mesas y los cuchillos.

Después, algunas mujeres comienzan a cortar y destripar el pescado, pasando los filetes limpios a otro grupo. Las cabezas, que no se envasan, se apartan y se usan más tarde para hacer sopa.

Mientras tanto, otro grupo de mujeres prepara y limpia los estantes de secado hechos de fibra de vidrio e instalados por pescadores, que han sido capacitados por la FAO para construir embarcaciones más seguras y con menor consumo de combustible.

Luego los filetes se llevan a los estantes para el secado. Deben secarse durante un día completo. Pero no pueden dejarse solos. Las mujeres hacen guardia alrededor de los estantes, alejando las moscas que revolotean al principio cerca del pescado fresco, y le dan la vuelta para que ambos lados se sequen adecuadamente, y queden esterilizados por el sol.

Una vez secos, las mujeres empacan los filetes.

Ahora, Hawa y su familia también pueden comer pescado. La mayoría del pescado secado al sol es consumido por los residentes en el campamento, proporcionándoles los nutrientes que tanto necesitan. El pescado secado al sol puede conservarse hasta seis meses sin necesidad de un refrigerador —un artículo de lujo en el campamento—, por lo que es una fuente fiable de alimentos a largo plazo.

Enfrentados a la peor sequía que se recuerda, más de un millón de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares el año pasado al agravarse la inseguridad alimentaria, que llevó al país al borde de la hambruna.

Una masiva respuesta humanitaria ha logrado hasta ahora evitar lo peor, pero una cuarta parte de la población —más de tres millones de somalíes— continúa enfrentándose al hambre severa, y en las zonas más afectadas, aún no está descartada del todo la posibilidad de que se produzca una hambruna.

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