Política Agropecuaria

FAO ayuda a campesinos bolivianos a producir cacao sostenible de primera calidad

El chocolate llega al mercado italiano gracias a un acuerdo con Autogrill y Altromercato

Al norte de la capital, La Paz, en una región denominada Alto Beni —justo donde los Andes dan paso al bosque tropical amazónico—, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) trabaja con una comunidad de poblaciones andinas que cultivan una variedad de cacao de fama mundial, el cacao “Criollo”, reconocido por sus valores nutricionales.

Sin un acceso fácil al mercado en La Paz, y para evitar intermediarios que resultan costosos, los agricultores se han agrupado en pequeñas cooperativas, que en 1977 formaron un organismo centralizado denominado El Ceibo. Hoy en día, El Ceibo es una entidad líder en Bolivia, contando entre sus miembros a 48 cooperativas e incluyendo mil 300 productores.

El modelo de negocio de El Ceibo se basa en los principios de cooperación y agroecología, mientras que una gran parte de sus ingresos se reinvierten en el ámbito local en beneficio de los pequeños campesinos y de toda la comunidad.

Desde 2015, la FAO apoya a El Ceibo de diferentes maneras, brindando apoyo técnico, facilitando el acceso a nuevos mercados y negociando acuerdos con el gobierno boliviano en defensa de los intereses de los pequeños productores de cacao.

Mario Choque es productor de cacao y miembro de la cooperativa El Ceibo.

“Somos básicamente productores de cacao”, explica Mario. “Sin embargo —añade—, mientras el cacao crece, tratamos de obtener otros tipos de productos listos para el consumo.”

Los pequeños campesinos de El Ceibo plantan alrededor de 3-4 hectáreas de tierra con semillas de cacao, mientras que el resto (7-8 ha) se planta —con métodos agroforestales— con arroz, yuca, bananos, cítricos, café y otros productos locales, que luego se venden en los mercados locales.

“Producimos maíz, pero también hacemos harina con él”, explica Mario. “Tenemos frutas, de las que a veces hago mermelada. Puedo venderlos y ganar un dinero extra. Diversificamos el uso de nuestra tierra, porque cuando la producción de cacao es baja, nos ayuda con los alimentos e ingresos de las ventas de otros cultivos que quedan.”

El cacao es en realidad un cultivo frágil. Los impactos climáticos como las sequías, inundaciones, la humedad extrema y las nuevas enfermedades de las plantas —como el terrible hongo Monilia—, amenazan la producción de cacao y los medios de vida de los agricultores en el Alto Beni.

Para enfrentarse a estos nuevos desafíos, El Ceibo reinvierte parte de sus ganancias en el llamado Programa de Implementaciones Agro-Ecológicas y Forestales (PIAF), el brazo técnico de la cooperativa. El PIAF busca constantemente soluciones sostenibles y ecológicas para las enfermedades y retos que amenazan la producción local de cacao.

“El PIAF me ayuda mucho”, asegura Mario. “Nos formaron como productores. Nos mostraron cómo crear nuestro propio vivero, cómo cuidarlo y cómo hacer la gestión fitosanitaria de nuestra plantación.” Explica que ahora aplican estas enseñanzas a su tierra y obtienen mejores resultados.

Una vez que el cacao es recolectado, se transporta a través de los Andes —usando una de las carreteras más peligrosas de Bolivia—, hasta la planta de El Ceibo en la ciudad de El Alto. Aquí se transforma en polvo de cacao, manteca de cacao y chocolate. Este representa uno de los pocos ejemplos donde toda la línea de producción está controlada por la misma cooperativa.

Desde El Alto, los productos de El Ceibo se venden en toda Bolivia, pero también en el mercado internacional, por ejemplo en países como Italia.

Aquí, gracias a un acuerdo entre la FAO, el grupo líder de comercio justo Altromercato y la compañía multinacional de restauración Autogrill, el chocolate El Ceibo se vende en los estantes de los restaurantes de Autogrill en Milán, Venecia y Roma, entre otros.

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