Política Agropecuaria

Mujeres jóvenes rurales e inclusión financiera

El proyecto MuJeR está financiado por FIDA y desarrollado por Fundación Capital, en alianza con instituciones en Colombia, Paraguay y México

¿Qué sabemos hoy en día sobre las mujeres jóvenes rurales de América Latina? Este colectivo, fundamental para las dinámicas socioeconómicas de los territorios rurales, ha sido sin embargo tradicionalmente relegado de la política pública y los programas de desarrollo.

Las mujeres jóvenes rurales enfrentan múltiples brechas: la de género, que las separa de sus homólogos los hombres jóvenes rurales; la generacional, que las aleja de sus abuelas y madres; la de residencia, que las separa de las mujeres jóvenes que viven en zonas urbanas; la tecnológica, marcada por la baja disponibilidad de lo digital en el mundo rural; y la de pobreza, que diferencia a las mujeres jóvenes rurales que viven en hogares pobres.

Las mujeres jóvenes rurales, y especialmente las pertenecientes a hogares vulnerables, carecen de un adecuado acceso a recursos financieros y productivos. Esto se traduce en que cuentan con menos oportunidades que otros colectivos para desarrollar sus propias estrategias de vida. Por ello, en muchos países latinoamericanos han surgido recientemente proyectos novedosos que buscan fortalecer la relación entre la población rural y el sistema financiero formal, y muchos de ellos ponen el foco en las mujeres. Uno de estos proyectos, financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo para la Agricultura (FIDA) y desarrollado por Fundación Capital, en alianza con diversas agencias gubernamentales y entidades financieras de Colombia, Paraguay y México, es el proyecto “MuJeR: Promoviendo la inclusión financiera de mujeres jóvenes rurales”. Este proyecto busca promover y facilitar el acceso a y el uso de servicios financieros adecuados para mujeres jóvenes rurales, que tengan en cuenta sus necesidades particulares y la especificidad de sus contextos socioeconómicos.

A pesar de las diferencias, el análisis de las mujeres jóvenes rurales de Colombia, México y Paraguay arroja varias características en común:

Tienen un acceso limitado a recursos productivos y económicos. En la mayor parte de los casos, su vida transcurre entre el hogar paterno y el núcleo familiar propio, donde se ocupan del trabajo doméstico y en ocasiones participan en negocios familiares sin recibir remuneración. A veces realizan actividades que les generan ingresos, pero suelen ser ocasionales (por ejemplo: producción y venta de quesos, mermeladas, etcétera).

El peso del cuidado del hogar recae casi exclusivamente en ellas, condicionando sus posibilidades de desarrollar estrategias de vida autónomas.

Aunque sus niveles de educación han aumentado en los últimos años, aún persisten tasas relativamente bajas de escolarización, tanto por la baja oferta educativa como por la prevalencia de la maternidad temprana y la unión conyugal temprana.

Su relación con el sistema financiero está generalmente marcada por la desconfianza, que se deriva de la falta de información y educación financiera. Las mujeres jóvenes rurales no perciben valor agregado en vincularse con el sistema financiero formal, al que consideran engorroso, difícil de entender, riesgoso para los bienes poseídos y poco transparente.

 

Pero a pesar de todas las dificultades que enfrentan, también tienen un gran potencial:

De aprendizaje, pues muchas de estas mujeres manifiestan su deseo de aprender y educarse, también financieramente. En este caso, la primera etapa de la juventud resulta decisiva para definir aspiraciones, actividades productivas y relación con el sistema financiero. Así, por ejemplo, la estrategia del proyecto en Paraguay será trabajar conjuntamente con el Ministerio de Educación y utilizar las aulas como plataforma para acercarse a las MJR, contribuir a su empoderamiento y fortalecer así su liderazgo.

De transformación, pues se ha podido comprobar una tendencia hacia una mayor participación social de las mujeres, especialmente en el caso de Colombia y a través de organizaciones sociales de base y Juntas de Acción Comunal. A pesar del buen dato, la mayor parte de las mujeres que se encuentran en estas organizaciones son ya adultas y se muestran preocupadas por la falta de relevo generacional. Involucrar a las mujeres jóvenes rurales en las organizaciones y los procesos participativos resulta clave para el desarrollo territorial, aspecto que se está trabajando actualmente a por medio de la articulación con la Agencia de Renovación del Territorio (ART), entidad estatal que tiene a su cargo la implementación del Acuerdo de Paz en lo referente a la Reforma Rural integral y donde el empoderamiento y la participación de las mujeres son lineamientos claves para llevar a cabo su labor.

De innovación, dada su apertura a las nuevas tecnologías y formas de comunicación y su continuo esfuerzo por buscar nuevas oportunidades de acceso a activos e ingresos. En los tres países, pese a la baja conectividad predominante en las zonas rurales, las MJR cuentan con celulares y smartphones, y usan frecuentemente las redes sociales. Así, por ejemplo, en México se prevé trabajar con la cooperativa Acreimex, que cuenta con un servicio de banca móvil y con una activa presencia en redes sociales, para fortalecer la comunicación y la información/educación financiera de las MJR.

En definitiva, la generación de capacidades financieras y económicas en las mujeres jóvenes que habitan los territorios rurales es un mecanismo efectivo para promover su participación e impulsar procesos de transformación social y territorial que van mucho más allá de ellas mismas, beneficiando a sus comunidades y territorios.

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