Tecnología

«Agricultura inteligente» en Brasil

Cultivos alimenticios como la mandioca y la acerola, comparten espacio con plantas destinadas a la producción de bioenergía tal como el babazu y la jatropha

Rafael Estefanía

agriculturaCombatir el cambio climático a través de agricultura rentable, sostenible y que protege a largo plazo la naturaleza. Esto es lo que busca el proyecto “Agrobrasil Bioenergía” en el estado de Piauí, en el noreste brasileño.

A bordo de un viejo Jeep, recorro caminos de tierra flanqueados por parcelas de todos los tamaños pertenecientes a los agricultores miembros de la cooperativa que lleva a cabo el proyecto.

Me encuentro a 15 kilómetros de la ciudad de Parnaiba, en una enorme extensión de terreno de 1400 hectáreas dotadas con las condiciones de regadío e infraestructura necesarias.

Es el escenario para llevar a cabo este innovador proyecto de lo que se conoce como “agricultura integrada”, un modelo que busca el aprovechamiento inteligente de los recursos naturales.

“El cambio climático se ha puesto de manifiesto en las recientes crisis alimentarias en nuestras economías y exige un nuevo modelo de desarrollo sostenible, que ponga al mismo nivel de prioridad los beneficios para los hombres con la salud y la supervivencia del planeta”, me dice al volante del vehículo Edson Teófilo, director del proyecto y un economista apasionado por la agricultura.

“La agricultura tiene su papel para contener el cambio climático. Mi proyecto muestra que es posible trabajar con el concepto de entropía en la naturaleza: un equilibrio natural que se regula a si mismo. Se trata de utilizar los residuos, no contaminar y hacerlo todo de forma sostenible y orgánica sin usar fertilizantes químicos que dañen el suelo”, asegura Edson, una verdadera enciclopedia de los procesos de cultivo.

Sin agroquímicos

“La agricultura es como la medicina, uno aprende a base de experimentar. No hay certezas absolutas y yo sigo aprendiendo cada día”.

agricultura01Más allá de esta modesta declaración, la experiencia de Edson en el terreno agrícola se extiende a lo largo de 40 años de trabajo en el área de desarrollo rural y también como consejero en algunos de los más prestigios organismos del planeta. Entre ellos, la FAO, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola.

El proyecto «Agrobrasil Bioenergía» tiene como objetivo desarrollar un sistema de explotación que reduzca el impacto de la agricultura intensiva sobre el medio ambiente a través del aprovechamiento total de los residuos orgánicos y el uso de combustibles y energías renovables.

Los monocultivos conducen inevitablemente con el paso del tiempo a plagas que sólo es posible combatir con productos químicos, asegura Edson. En cambio, respetando el principio de la biodiversidad en las parcelas, se combinan distintos tipos de cultivos y arbustos en los que habitan controladores naturales de pestes, evitando la propagación de plagas inherentes a los monocultivos.

Así, cultivos alimenticios como la mandioca y la acerola, comparten espacio con plantas destinadas a la producción de bioenergía tal como el babazu y la jatropha.

Acerola, rica en vitamina C

La acerola es uno de los cultivos estrella de la cooperativa. Su alto contenido en vitamina C hace que la mayoría de la producción se venda a la empresa estadounidense Nutrilite para la producción de pastillas de esa vitamina. Es un negocio rentable que ha hecho que muchos de los antiguos jornaleros se hayan convertido hoy en pequeños productores agrícolas.

Antonio Romao, miembro de la cooperativa, pasó de ser jornalero a convertirse en emprendedor tecnificado y totalmente orgánico. Sus seis hectáreas de acerola han hecho que sus ingresos netos mensuales se hayan disparado hasta los US$4000. Antes de convertirse en productor, Antonio apenas conseguía subsistir con un salario de US$80 dólares.

“La cooperativa actual tiene 25 productores orgánicos y en el futuro esperamos aumentar el número de socios-productores hasta 310”.

El suelo que rodea los árboles de acerola está cubierto de residuos orgánicos, hojas y ramas. Esto, que a primera vista parece fruto de la casualidad, es parte del sistema. Las ramas de la palmera de carnauba tienen un alto contenido en carbono y esparcidas alrededor de los árboles, mantienen el suelo cubierto para controlar la humedad y la absorción de los nutrientes que están en el abono orgánico. Un ejemplo muy simple de una técnica fundamental a la hora de aumentar la productividad y controlar las malezas que afectan a la planta.

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