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Desarrollan frijoles que triplican ingreso de agricultores

Investigadores de INIFAP desarrollan variedades que duplican o triplican producción e ingresos

Ciudad de México, 27 de diciembre de 2019.— Bayos, negros, amarillos, blancos, morados, pintos o moteados, los frijoles han acompañado la historia y la alimentación de los mexicanos, pero hoy enfrentan un desplazamiento por productos hiperindustrializados con exceso de grasas, carbohidratos, sales y conservadores. Sin embargo, la leguminosa representa una alternativa viable no solo para la buena nutrición en zonas pobres —por su alto contenido de proteína— sino para los agricultores que la producen, quienes con variedades generadas por investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) pueden triplicar su producción y mejorar ingresos, aprovechando mercados locales y regionales donde hay una alta demanda del alimento.

En el mundo se conocen alrededor de 150 especies de frijoles, de las cuales 50 están en México, por lo que mediante el Programa de Mejoramiento Genético del Campo Experimental Valle de México (Cevamex), los especialistas en frijol Dagoberto Garza García, Ramón Garza García y Carmen Jacinto Hernández, se han encargado de trabajar durante 25 años en preservar y aprovechar el germoplasma de frijoles nativos, por medio de la mejora genética, con la que han obtenido variedades que resuelven las demandas concretas de productores ubicados en Valles Altos de la Mesa Central, que comprende los estados de México, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala, parte del estado de Querétaro y zonas rurales de la Ciudad de México.

El frijol (Phaseolus vulgaris L.) es una planta ancestral, asociada a la milpa, que observa una caída en el consumo por persona, el cual en 1990 era de 19 kilos y hoy es de 10.5 kilos —según estadística del SIAP—. En dos décadas la ingesta de este alimento disminuyó a la mitad, no obstante ser rico en proteínas, carbohidratos, fibra, grasa, calcio, hierro y vitaminas como la niacina, riboflavina, ácido fólico y tiamina.

Tras analizar que el frijol puede ser una fuente de alimentos e ingresos para agricultores de una región donde prevalece población pobre y malnutrida, los investigadores del INIFAP desarrollan variedades para Valles Altos, donde se siembran alrededor de 150 mil hectáreas —de las dos millones de hectáreas de frijol cultivadas en México—. El 87 por ciento de esta superficie es de temporal con un rendimiento promedio de 794 kilos por hectárea; en cultivos de riego el rendimiento es de 1.6 toneladas (Sagarpa, 2018).

El vínculo de los investigadores con los productores ha dado resultados notables. Por ejemplo, en Atenco, Estado de México, el agricultor Ulises Pacheco Sánchez, siembra las variedades Negro supremo y Primavera con las que obtiene más de dos toneladas por hectárea (t/ha); en Flor de mayo, 2.8 t/ha y en Bayo Azteca, hasta 3.2 t/ha.

El también agrónomo por la Universidad Autónoma Chapingo expone que se trata de materiales desarrollados por el INIFAP de tipo intermedio, más precoces, de ciclo corto, y que se adaptan a menor cantidad de humedad, algo importante porque las lluvias en la zona son erráticas. Otra ventaja es que no requieren insumos costosos.

El impacto económico es considerable, anota Ulises Pacheco, porque si tenemos un frijol que se paga a 20 pesos en la localidad y rendimientos de 2.5 a 3.2 ton por hectárea, el ingreso bruto aproximado sería de 60 mil pesos, menos los costos de producción nos quedan unos 48 mil pesos; no estamos perdiendo dinero, como con el maíz de temporal donde este año no habrá regreso de capital, porque no ha habido lluvias, “no hay mazorcas ni algo que vender”. El frijol tendrá una cosecha más baja que en dos años anteriores, pero se conserva la rentabilidad y tenemos acceso a un alimento sano.

En su laboratorio del Cevamex, la doctora Carmen Jacinto se encarga de analizar las características físicas, de calidad comercial y nutrimental de los genotipos de frijol desarrollados por el INIFAP. La calidad —explica— es un aspecto importante y en la mejora genética buscamos que el contenido de proteína de nuestros frijoles sea mayor a 23 por ciento, pero algunos alcanzan hasta 27 por ciento, siendo el promedio nacional del 20 por ciento.

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