Sector Rural

La organización económica del minifundio

Por: Sen. Heladio Ramírez López*
Foto: Archivo 2000 Agro

El estancamiento del sector rural ha acentuado la pobreza, la desigualdad y la deficiente calidad de vida de 30 millones de mexicanos que conforman el universo de la economía campesina.

En ese territorio, que representa el 26 por ciento de los empleos formales del país, existen 5.5 millones de unidades de producción, de las cuales el 72.6 por ciento tienen menos de cinco hectáreas. Ahí se encuentra el más desafiante problema estructural del campo mexicano.

Esto es así porque el minifundio, sin asistencia técnica, sin infraestructura productiva, fundamentalmente de riego, sin tecnología, con elevadísimos costos de producción, con pequeños productores que no son sujetos de crédito —debido a las condiciones de atraso en que se encuentran, haciendo un esfuerzo sobrehumano para lograr cosechar algo— difícilmente puede generar una retribución mínima para que la familia campesina satisfaga sus más elementales necesidades.

En el campo, dos de cada tres personas son pobres y, ante la baja o nula inversión que sólo permite producir para el autoconsumo y perpetuar las condiciones de miseria, los campesinos tienen necesidad de recurrir al duro trabajo del jornalerismo trashumante para  sobrevivir.

Ante el desafío de encontrar respuestas y alternativas viables al desarrollo de ese minifundio y destruir el círculo vicioso de sus bajos ingresos, presenté en el Senado de la República la iniciativa que crea la Ley para la Organización y el Desarrollo de la Economía Campesina.

En ella propongo hacer un replanteamiento para el desarrollo de las tierras del minifundio temporalero y para los 70 millones de hectáreas de uso común de ejidos y comunidades; elevar la estrategia para su desarrollo a política de Estado y dotarlo de un nuevo marco institucional capaz de planificar y estimular la organización de los pequeños productores.

La iniciativa busca impulsar la reconversión productiva y darle viabilidad económica al minifundio a partir de la compactación de parcelas con una visión de empresa social.

Consideramos que si bien la agricultura es parte esencial de la economía rural, las actividades productivas del campo son mucho más que esta sola actividad primaria e incluyen la ganadería, la silvicultura, el comercio, la minería, el turismo, los servicios, las artesanías, las pequeñas y medianas industrias; el trabajo asalariado en diferentes modalidades y ramas económicas.

La tesis que sostengo es que el desarrollo de las regiones pobres no puede darse sin trabajar mano a mano con los pueblos. No puede haber desarrollo en pueblos desmovilizados, desorganizados, sometidos al paternalismo gubernamental. Tampoco habrá desarrollo sin capacitación y sin la alianza de los productores con el Estado, comprometido socialmente.

Sustento esta propuesta en tres grandes ejes: a) la movilización del esfuerzo interno de los pueblos, indispensable para construir y administrar las obras productivas y sociales; b) el adecuado y oportuno apoyo institucional, sin el cual se dificulta tomar la senda del progreso por los campesinos y c) la concepción de un desarrollo rural que abarque y atienda el conjunto de problemas que afectan la parcela, la comunidad y la región.
Esta iniciativa propone las bases estructurales  para construir un nuevo modelo de desarrollo en el universo de la economía campesina, a partir de la participación activa de los propios campesinos. Plantea una estrategia dinámica del desarrollo rural, que pone en el centro a la organización económica de la parcela familiar, de la comunidad y de las tierras de uso común donde se encuentra la mayor parte de los recursos naturales.

Sólo así se podrá dar respuesta a la realidad del minifundio; liberar su potencial productivo, generar trabajo e ingresos, y redistribuir la riqueza entre los campesinos con equidad y justicia.

* Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural del Senado de la República

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  1. El cobijo juridico de esta nueva estrategía de pervivencia permitirá el desarrollo de la agricultura periurbana que se enfocaría desde las unidades familiares de producción (minifundios) hasta los traspatios de las periferias urbanas en donde se concentran familias provenientes del campo y en las zonas urbanas rurales. Actualmente somos una inmensa mayoria de campesinos que dejamos de producir cultivos básicos por aprovechamiento de nuestros campos en cultivos agrocomerciales (Caña, Hule, Citricos, mango, piña, Etc) y la ganadería extensiva. Es común que con la repatriación, cierres de empresas nacionales y la psicosis del actual méxico bárbaro se concentren nuclearmente mas familias con lo que se dispone de mas mano de obra desocupada, menos dinero y mucho mas bocas que alimentar y ante tal recomposición de estos estratos se cae en la anemia social y se prefiere la caridad gubernamental de tal suerte que tambié enfrentamos un problema serio de identidad y de conformismo. Esto nos orienta a que cada vez hay más mendicidad, adicciones y delincuencia organizada en los centros rurales en donde la emigración e sostenia la vida económica comunitaria. Estoy gestionando un programa piloto de agricultura periurbana en donde se pretende ir mas allá de la autosuficiencia y que en grupos de trabajo soilidario se les subsidie con un motocultor equipado, agua solida, cintillas de riego por goteo y capacitación para elaborar insumos para la agricultura orgánica como mulch que se requerirá para los acolchados, lombricompostas, lixiviados y control de plagas y enfermedades con insecticidas caseros y bilogicos esto es en la región de Tuxtepec, oaxaca.

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