Análisis

Un buen momento para experimentar la agroecología desde casa

Basta un pequeño jardín, un patio o un balcón para producir alimentos y caminar a la suficiencia alimentaria

Ciudad de México, 15 de abril de 2020.— Albert Einstein aseguraba que no hay mejor oportunidad para crecer que un momento de crisis, ya que de la angustia nace la creatividad para superarla, “como el día nace de la noche oscura”.

En ese sentido, el tiempo de estar en casa es un buen momento para retomar muchas de las propuestas que se han planteado para hacer frente a otras crisis que también aquejan al planeta: como la del cambio climático y el aumento de demanda de alimentos para las generaciones futuras.

Para ello, uno podría pensar que se requiere de grandes acciones en los ámbitos forestal o agrario, pero en realidad se puede comenzar con pequeñas cosas desde el hogar. Basta con tener un jardín o incluso un balcón.

Buscar formas de “Producción y Consumo Responsables” está considerado como uno de los objetivos de la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 de Naciones Unidas. Propone que se fomente “el uso eficiente de los recursos y la energía, la construcción de infraestructuras que no dañen el medio ambiente, la mejora de acceso a los servicios básicos y la creación de empleos ecológicos, justamente remunerados y con buenas condiciones laborales”.

Cuba es un buen ejemplo. Tras enfrentar una crisis energética y agroalimentaria, se dio a la tarea de buscar nuevas formas de producción que dejaran de sobreexplotar la tierra, en que la misma población tuviera la oportunidad de participar generando recursos sostenibles mediante un trabajo digno y la garantía de un mejor futuro.

Recientemente, en el marco del Seminario Diálogos Ambientales en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) con el tema “La Agroecología, su desarrollo y situación actual”, el doctor Fernando Funes Aguilar, premio Nobel Alternativo de Agricultura, reveló gran parte de los logros del país caribeño.

Expuso el caso particular de su colega Adolfo Rodríguez Nodals, hijo de los creadores de la papaya Maradol, llamados María y Adolfo, cuya fusión de nombres (María-Mar y Adolfo-Adol) bautizaron este fruto que se trajo a México y se convirtió en una producción de la que hoy vive una población mexicana significativa.

Resultado de la vocación de buscar mejores opciones de producir alimentos, el investigador Rodríguez Nodals fue uno de los pioneros en la agricultura urbana, teniendo en cuenta la relación persona-cultivo-animal-medio ambiente y que trajo como resultado el actual plan de soberanía alimentaria nacional.

El objetivo fue ayudar a la gente a voltear a la producción de alimentos, ya sea a pequeña escala o para autoconsumo e independientemente de que vivieran en la ciudad, por lo que se comenzaron a impulsar diversos proyectos en el perímetro urbano y con prácticas intensivas de producción.

El resultado es que quienes participan de esta agricultura urbana hoy son capaces de generar hasta 30 libras de productos agrícolas al mes, ya sea mediante cultivos en pequeñas parcelas, áreas verdes, jardines, e incluso balcones.

Y lo mejor de todo es que esta actividad no solo se limita a la participación del campesinado, sino que personas dedicadas a la medicina, educación y de profesiones de toda índole han sumado a sus labores diarias para dedicarse un rato a la agroecología en pequeña escala.

El beneficio, además de generar bienestar y satisfacción personal al ser un productor, ha sido el de abrir la puerta al rescate de una gran variedad de productos alimenticios que corren el riesgo de desaparecer ante las prácticas de producción a gran escala y que solo dan preferencia a una especie en particular.

México cuenta con un gran potencial y riqueza milenaria, en donde la experiencia de las personas dedicadas a las pequeñas producciones locales, indígenas y campesinas se puede aplicar y desarrollar como un primer paso a pequeña escala y que hoy tienen sus primeros frutos mediante proyectos como el impulsado por Roma Verde, en la Ciudad de México.

Para iniciar, basta con dar el primer paso: designar o buscar una pequeña área (jardinera, balcón, patio) donde tener un pequeño cultivo, el cual puede ir desde hierbas de olor como albahaca, menta, cilantro, comino o romero, por mencionar algunos, hasta tubérculos como papas, cebollas, ajos, zanahorias, e incluso frutos como fresas o chiles.

Con el paso del tiempo, esta pequeña actividad para relajarse y aprovechar el tiempo, puede convertirse en la oportunidad de generar un grado de autosuficiencia, además de aportar a la recuperación de espacios verdes tan necesarios en las urbes.

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