Agroindustria

Convencionales vs orgánicos polémica con fundamentos

Existe una fuerte polémica entre los defensores de la agricultura convencional y quienes fomentan el cultivo orgánico. Unos argumentan que con la primera se obtienen más altos rendimientos y también resaltan que la Revolución Verde permitió salvar miles de vidas en África durante la década de los setenta. Los segundos refieren que en el largo plazo el empleo de pesticidas, agroquímicos y fertilizantes ha afectado la tierra al grado de hacerla estéril.

Aun cuando los métodos seguidos por ambas se parecen, en el fondo tienen diferencias sustanciales. Mientras que la agricultura convencional se sustenta en la idea de la productividad y responde a los requerimientos de abastecimiento de un mercado masivo, la agricultura orgánica sobrepone el medio ambiente y asegura que representa una opción real de desarrollo rural con beneficios sociales.

A partir de la década de 1990 se presentó una reducción en el ritmo de crecimiento de la agricultura convencional de 2 por ciento por año, mientras que la agricultura orgánica manifiesta en la actualidad un constante crecimiento con una tasa de 20 por ciento anual en algunos países desarrollados.

Sin menospreciar el avance científico y tecnológico, la agricultura orgánica está en contraposición a los fundamentos de la agricultura convencional, desarrollada durante décadas a la par de la industria agroquímica y de otras tecnologías.

En contraposición al modelo convencional el método orgánico promueve en algunos casos, la menor dependencia externa de insumos como: fertilizantes, pesticidas, combustibles, maquinaria, alimentos procesados para la nutrición animal, semillas híbridas, presupuestos y tecnologías avanzadas, entre otros.

Tras los escándalos de contaminación en los alimentos, la preocupación por el medio ambiente, y sin dejar de lado el hecho de que “lo convencional” no ha resuelto el problema de la alimentación mundial, lo orgánico puede ser considerado un modelo alterno para la subsistencia y desarrollo del sector agrícola bajo el entorno económico mundial imperante, argumentan sus propulsores.

El sistema orgánico está sometido a permanentes ajustes de acuerdo con los resultados de la experimentación, con la aparición de nuevos productos y técnicas aplicables e, incluso, con el surgimiento de demandantes de nuevos productos para los cuales aún no existen un itinerario técnico orgánico disponible, mientras que en el convencional, está por demás mencionar que existe infinidad de productos y técnicas ampliamente probadas, por tanto se tiende a considerar un método seguro y efectivo.

Desde el punto de vista económico, el sistema orgánico pretende transformar la producción en un mercado más especializado con sus ventajas y desventajas; por una parte se logra cierta influencia en la determinación del precio de los productos, pero los mercados son muy exigentes y reducidos.

Los dos sistemas presentan riesgos de producción, pero la falta de ajuste en el orgánico puede conducir a peores resultados. Por eso, quienes incursionan en la producción orgánica tienen en cuenta que existen dos fuentes importantes de riesgo, la de producción y la de mercado.

No es lo mismo trabajar en un ciclo agrícola con condiciones favorables para el desarrollo de plagas en un cultivo tradicional que en el orgánico. Del mismo modo, una excelente condición meteorológica puede tornarse desfavorable en el mundo orgánico si el crecimiento de malezas no puede controlarse adecuadamente por medios mecánicos y métodos orgánicos, ya que está prohibido el uso de herbicidas sintéticos.

Los resultados de la producción orgánica suelen suponerse inferiores a la producción convencional. Ello puede no ser así cuando se parte de una situación “biológicamente favorable” (en cuanto a fertilidad potencial, malezas, plagas y enfermedades presentes) mantenidas mediante el sistema sustentable que la agricultura orgánica propone.

En el sistema tradicional se obtienen cosechas superiores en los primeros años, produciéndose una declinación que se compensa con el incremento del uso de insumos. En cambio, el sistema orgánico permite lograr rendimientos modestos, pero constantes a lo largo del tiempo y con mejor precio.

En la agricultura convencional el costo de producción es un dato comúnmente conocido al momento de realizar el cultivo, existen listados de precios de los insumos utilizados; mientras que en el caso de los orgánicos no existen tales listados, incluso los datos son muy variables.

La agricultura orgánica presenta características de los “mercados volátiles”, donde aquello que es negocio esta temporada deja de serlo la siguiente. Para evitar esto, los productores deben contar con una sólida cadena comercial donde ganen la confianza del demandante por la calidad de su producto, lo cual, no siempre es fácil lograr. El precio de los orgánicos experimenta grandes modificaciones cuando no se cuenta con un canal de comercialización seguro, y la incertidumbre sobre “precios a obtener”, es más grande que la acostumbrada en el mercado agrícola convencional.

Para que el sistema orgánico resulte exitoso comercialmente, necesita una atención superior al sistema convencional, en tres aspectos básicos: 1) capacidad para comercializar adecuadamente los productos para lograr un precio elevado; 2) información técnica adecuada para obtener buenos resultados, y 3) un estricto y continuo control para evitar enfermedades, plagas y malezas.

En la producción orgánica el costo del grano es alrededor de 20 por ciento superior al del grano convencional. Mientras que en los cultivos, el manejo orgánico incluye mayor número de labranzas, más cantidad de semilla por hectárea y la aplicación de inoculantes e insecticidas biológicos. Además, exige mayor limpieza y cuidado.

Los costos directos de producción de los dos sistemas (orgánico y convencional) son prácticamente similares sólo en pocas ocasiones; en tanto para la mayoría de cultivos, los costos directos de la producción orgánica son superiores en aproximadamente 20 por ciento que en la producción convencional.

Sin embargo, se ha comprobado que en la agricultura orgánica, es posible obtener rendimientos económicos adecuados y una estabilidad de producción a través del tiempo, contrario a lo que ocurre en la agricultura convencional, en donde cada temporada se necesitan más insumos para producir mayores cantidades. Una vez obtenidos los conocimientos suficientes y logrado el equilibrio del sistema de trabajo, los productores orgánicos consideran resultados más estables que en el sistema convencional.

El sistema productivo de los orgánicos es practicado en México por más de 33 mil productores e implica crear al año 16.4 millones de jornales, mientras que en la agricultura convencional del país todos los indicadores no son nada halagadores, desde el deterioro en la producción, la creciente importación y hasta el incesante abandono del campo; problemas por todos conocidos.

Por otra parte, los consumidores de productos orgánicos generalmente ostentan un nivel de ingresos económicos altos, aunque también los consumidores están motivados por una serie de expectativas como son: beneficios a la salud, conservación del medio ambiente, sabor, frescura y los recientes escándalos por contaminación de alimentos convencionales.

El mercado orgánico es de difícil acceso para los consumidores, pues aún tiene características de nicho por los bajos volúmenes de venta y oferta, además, se venden en México bajo pedido o en lugares muy exclusivos relacionados con el naturismo y los ranchos ecológicos. Mientras que los productos convencionales se consiguen en todos lados, desde supermercados hasta mercados sobre ruedas.

Es importante destacar que del total de divisas que generan algunos productos convencionales de exportación, sus similares orgánicos ya ocupan cifras importantes, tal es el caso de la vainilla, con 23.4 por ciento del total convencional; cártamo, con casi 22 por ciento; café, con 4.8 por ciento, y ajonjolí, con 4 por ciento.

A pesar de ser limitado, el sistema de producción orgánico ha reaccionado y respondido al mercado; parte de su éxito está vinculado con la constante demanda externa y la posibilidad de obtener precios “premium” en el mercado internacional. De esta manera, México se ubica en el ámbito internacional como productor-exportador orgánico, más que como consumidor, mientras que en la agricultura convencional, a pesar de que también se exporta, se ha perdido mucho mercado y la balanza comercial se inclina hacia las importaciones, sobre todo en granos y cárnicos.

Cuidado del medio ambiente: abonos orgánicos vs fertilizantes químicos

El argumento de los agricultores convencionales y promotores del uso de fertilizantes químicos, es el menor costo y cantidad de fertilizantes en comparación con los abonos orgánicos. Sin embargo, este elevado costo de insumos orgánicos es relativo, por ser productos novedosos y poco disponibles; pero en la medida que se extienden las técnicas para su elaboración, se reducen los costos paulatinamente y dan paso al surgimiento de pequeñas empresas agrícolas locales.

A diferencia de los químicos convencionales, que provocan problemas de salinidad y toxicidad en el suelo, la materia orgánica mejora la labranza, fertilidad y productividad del suelo, aporta nutrientes, incrementa la capacidad de retención de humedad y estabiliza el pH, pero carece de la riqueza suficiente para atender por sí sola el abastecimiento de las necesidades del cultivo.

Orgánicos

Se estima que en 2002, la agricultura orgánica en México cubrió más de 200 mil hectáreas y generó aproximadamente 280 millones de dólares en divisas, frente a los 140 millones de dólares generados en 2000, esto representa un incremento del 50 por ciento en aportación de divisas en escasos dos años. En 1996, del total de exportaciones agropecuarias, los orgánicos representaban 1.5 por ciento y para 2000 ya era 3.7 por ciento.

En el sector orgánico, 33.8 por ciento de las divisas generadas en el año 2000 fueron obtenidas de las hortalizas; 23.3 por ciento, del café; 12.1 por ciento, del mango, y el resto, de otros productos.

En el país hay 262 zonas de producción orgánica ubicadas en 28 estados de la República. Entre éstos destacan Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Chihuahua y Guerrero, que concentran en conjunto 82.8 por ciento de la superficie orgánica total; Chiapas y Oaxaca cubren 70 por ciento del total.

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